Bueno, después de varios años de producción que incluyen muchos problemas y una polémica con respecto a que 62 trabajadores (sí, los he contado) acabaron excluidos de los créditos por una disputa entre la productora principal y uno de los estudios de animación involucrados (Ilion estaba metida en este proyecto antes de su compra por Skydance, aunque para cuando aquella adquisición comenzó ya estaba fuera), por fin tenemos en la gran pantalla "Dragonkeeper", la gran superproducción de la animación española. 24 millones de euros de presupuesto (que para la industria española es nivel "Avatar" y necesitaban que la mitad la cubriesen los productores chinos), el apoyo de Movistar y Atresmedia Cine, el director de "Buñuel en el laberinto de las tortugas" detrás de la silla del director (si eso existe en el mundo de la animación), y Bill Nighy dando voz al dragón en el doblaje inglés (en el castellano se lo da su actor de doblaje habitual, Mario Gas). Todo ello para, al final, dar lugar a una producción turbulenta, una polémica cuya continuación ayer me enfadó tanto que estuve a esto (.) de tirar esta película a la basura, y una película en sí que está bien, sin más.
Lo mejor de la película diría que es, de lejos, la relación entre la protagonista, Ping, y el dragón, Danzi (Dios, a veces se me olvida ese nombre). Vale, ellos, como personajes individuales, no son gran cosa, pero cuando los juntas, sobre todo después del primer acto, a lo largo de la cinta demuestran tener una gran química que engancha. Perfectamente me puedo imaginar a mí mismo disfrutando con creces una película centrada únicamente en estos dos y sus interacciones el uno con el otro. Que el humor (cuando lo hay) funcione sin hacer alardes y la historia logre ser entretenida a pesar de ser también muy predecible y nada sorprendente también ayuda, aunque no destaquen tanto como sus dos protagonistas.
En la parte técnica, la animación, como no podía ser de otra manera, no se ve nada mal - al contrario, se ve muy bien. Aunque reconozco que, para la ambición que había detrás de este proyecto, tampoco dista mucho en este aspecto de otras producciones animadas españolas de índole comercial como, por poner dos ejemplos muy recientes, "Tadeo Jones 3" o "Momias", las cuales tenían un presupuesto la mitad de grande que el de esta cinta (11 millones cada una, en comparación con los 24 de esta cinta), siendo el ejemplo perfecto (en el otro lado de la balanza) de que lo más importante no es tanto el presupuesto, sino lo que haces con él. También merece una mención breve la música de Arturo Cardelús (que vuelve a colaborar con Salvador Simó después de "Buñuel en el laberinto de las tortugas"), que cumple con creces su función dentro de la película.
Si esto hubiese sido una película animada comercial normal de Hollywood o incluso de la industria española, probablemente sería considerada como una película que, sin reinventar la rueda, al menos funciona y entretiene; o, en el peor de los casos, como una más del montón que la gente de la comunidad de la animación vería, no pensaría gran cosa de ella, y a los pocos meses (o a las pocas semanas) la olvidarían. Pero, como la superproducción entre España y China que se nos vendió, sí es cierto que, a pesar de sus buenas cualidades, se queda corta y nunca llega estar a la altura de su tremenda ambición. Sobre todo si es cierto que piensan hacer dos cintas más de esto. Tal y como está, "Dragonkeeper" no es una mala película en absoluto, y es una buena opción para aquellos que tienen críos para entretenerlos durante 100 minutos o incluso para matar tú mismo esa cantidad de tiempo con algo ligero, pero mi nariz sería más grande que la de Pinocho en los días donde más miente si dijera que es una de las imprescindibles. De nuevo, está bien, y ya.